Sostén algo frío contra tu cara — agua fría en un tazón, una bolsa de hielo envuelta, o inclínate frente al chorro del lavabo — durante 15 a 30 segundos, especialmente en la zona de ojos y pómulos.
El frío en la cara activa una respuesta natural del cuerpo que baja el ritmo cardiaco. Es de lo más rápido que existe cuando la emoción va a tope.
Precaución: si tienes alguna condición cardiaca, consulta primero con tu médico antes de usar frío intenso.
Mueve el cuerpo con intensidad durante 10 a 15 minutos: sube y baja escaleras, camina muy rápido alrededor de la cuadra, sentadillas, saltos — lo que tengas a la mano.
La emoción intensa carga el cuerpo de energía de emergencia. El ejercicio le da a esa energía un lugar a dónde ir, en vez de quedarse dando vueltas adentro.
Baja el ritmo de tu respiración y haz la exhalación más larga que la inhalación — por ejemplo, inhala en 4 tiempos y exhala en 6. Practícalo aquí uno o dos minutos:
Mientras inhalas, tensa un grupo de músculos (puños, hombros, piernas). Mientras exhalas lento, suéltalos por completo y nota la diferencia. Recorre el cuerpo por partes.
Al emparejar la relajación con la exhalación, el cuerpo aprende la señal: soltar el aire = soltar la tensión.