Estrés · Cuerpo

Estrés crónico: qué le hace a tu cuerpo (y cómo bajarlo)

Por Anaissa Ramón Chapa · Psicóloga clínica · 4 min de lectura

Taza y planta pequeña sobre una mesa junto a la ventana
En este artículo
  1. Dos sistemas, un interruptor
  2. Cómo se siente el estrés crónico
  3. Tres formas de bajarlo con evidencia
  4. Cuándo ya no es solo estrés
  5. Preguntas frecuentes

El estrés agudo es útil. Te despierta, te enfoca, te saca del peligro.

El problema es cuando no se apaga. Cuando el cuerpo lleva semanas en modo alerta por un trabajo, un duelo, una relación o simplemente una vida que no da tregua.

Esto es lo que pasa ahí dentro, y qué puedes hacer.

Dos sistemas, un interruptor

Tu sistema nervioso tiene dos modos. El simpático acelera: sube el pulso, tensa los músculos, afina la atención. El parasimpático frena: digiere, repara, permite dormir.

Los dos son necesarios. El problema no es tener estrés; es no volver al freno.

Bruce McEwen, de la Universidad Rockefeller, le puso nombre a ese desgaste: carga alostática. Es el costo acumulado de tener el acelerador pisado demasiado tiempo.

El cortisol, que a corto plazo ayuda, a largo plazo afecta el sueño, la memoria, el sistema inmune y el ánimo.

Cómo se siente el estrés crónico

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Una paciente (ejemplo anonimizado y compuesto), abogada, llegó por insomnio. No tenía "nada" según ella: ni ansiedad ni tristeza. Pero cuando le pedí que relajara los hombros en la sesión, no pudo. Llevaba tanto tiempo tensa que ya no registraba la tensión. Lo primero que hicimos no fue hablar del trabajo. Fue reaprender a notar el cuerpo.

Tres formas de bajarlo con evidencia

  1. El suspiro fisiológico. Dos inhalaciones por la nariz, una larga y una corta encima, y una exhalación lenta por la boca. Repetido cinco minutos al día, un estudio de Stanford publicado en 2023 encontró que mejora el ánimo y baja la activación más que la meditación de atención plena. Es gratis y lo puedes hacer en el coche.
  2. Movimiento que no sea rendimiento. Caminar, nadar, bailar. No para quemar calorías: para darle al cuerpo la señal de que el peligro pasó. Después del movimiento, el parasimpático toma el control más fácil.
  3. Recuperación programada. El descanso no llega solo en una vida llena. Se agenda como una cita: un tramo diario sin pantallas, un día a la semana sin pendientes. Suena rígido. Es lo que funciona.

Cuándo ya no es solo estrés

Si lleva más de dos o tres meses, si el sueño no mejora con nada, si notas tristeza constante o miedo difuso, es momento de una valoración.

El estrés crónico es una de las puertas de entrada más comunes a la ansiedad y la depresión. Atenderlo a tiempo es más fácil que atender lo que viene después.

Preguntas frecuentes

¿El estrés puede enfermarme de verdad?

Sí. Décadas de investigación de McEwen y otros muestran que el estrés sostenido afecta el sistema inmune, la presión arterial, la digestión y el sueño. No es "psicológico" en el sentido de imaginario.

¿Cuánto tiempo tarda el cuerpo en recuperarse?

Depende de cuánto tiempo llevó. Las primeras mejoras en sueño y ánimo pueden verse en dos o tres semanas de práctica constante. La recuperación completa es cuestión de meses.

¿Sirve el magnesio, el té, la valeriana?

Pueden ayudar a algunas personas con el sueño, pero no bajan el estrés si el acelerador sigue pisado. Lo que lo baja es cambiar la relación con lo que lo causa, y darle al cuerpo señales repetidas de seguridad.

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Si tu cuerpo lleva tiempo en modo alerta, en terapia trabajamos para que aprenda a volver al descanso, con herramientas concretas.

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Referencias

McEwen, B. S. (1998). Protective and damaging effects of stress mediators. New England Journal of Medicine, 338(3), 171–179. https://doi.org/10.1056/NEJM199801153380307

Balban, M. Y., Neri, E., Kogon, M. M., Weed, L., Nouriani, B., Jo, B., Holl, G., Zeitzer, J. M., Spiegel, D., & Huberman, A. D. (2023). Brief structured respiration practices enhance mood and reduce physiological arousal. Cell Reports Medicine, 4(1), 100895. https://doi.org/10.1016/j.xcrm.2022.100895

LeDoux, J. E., & Pine, D. S. (2016). Using neuroscience to help understand fear and anxiety: A two-system framework. American Journal of Psychiatry, 173(11), 1083–1093. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.2016.16030353

Sapolsky, R. M. (2004). Why zebras don't get ulcers (3.ª ed.). Henry Holt.

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